domingo, 1 de febrero de 2015

El existencialismo de Joyce y el fatigoso comienzo de "Orlando"

Esta primera semana ha pasado muy lenta, he de admitirlo. El proceso de adaptación al curso tras tanto tiempo inactivo no ha sido fácil, pero estoy feliz de poder cumplir con las tareas diarias y las prácticas de la Universidad, y al mismo tiempo de tener tiempo para mí. Tengo tanto equilibrio mental y físico que hasta he podido disfrutar de las lecturas de esta semana: Los Muertos y Un Caso Doloroso.

Ambos relatos cortos pertenecen a una colección llamada Dublineses, y su autor James Joyce los firme con un particular sello casero e íntimo por el carácter personal que imprime a sus obras. Dublín, cuna de su nacimiento y ahora escenario para sus historias, adquiere vida propia con las historias del bueno de Gabriel y del rudo señor Duffy. Al principio me perdía con tanta pantomima de nombre (leyendo Los Muertos) pero luego supe apreciar lo que quería transmitirme Joyce desde sus textos.

Hacía mucho tiempo que no leía prosa. Llevaba tantos meses con películas, series, cómics y novelas gráficas que lo único que me permitía leer con más forma narrativa eran críticas y análisis al respecto de mis visionados y mis incursiones en los mundos de Marvel y DC. Pero con Joyce he reavivado una llama que creía apagada. He palpado la pasión y el dolor de sus protagonistas, me he trasladado a esa época donde el siglo XX era algo naciente, y el estertor del siglo XIX aún quedaba latente como las postrimerías de alguien fallecido.

En suma, que me ha gustado.

No me ha pasado lo mismo con Orlando, de Virginia Woolf. En mi opinión (y pidiendo perdón de antemano por el coloquialismo que emplearé), su comienzo es lisa y llanamente un petardo: lentísimo, elaborado excesivamente hasta la exasperación y cansino a más no poder. Espero pillarle el tranquillo a su narrativa y ventilarme este libro antes del final de la semana, de verdad. Hasta ahora solamente he podido con pocas páginas.

Le daré una oportunidad. Mañana comienza la segunda semana, y toca Kafka. Pinta bien, sinceramente. Seguiré actualizando este blog a base de referencias a lo que leo en cada momento.

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