martes, 17 de febrero de 2015

El Público: Surrealismo en estado puro

Si he de ser sincero, no sé muy bien qué escribir sobre lo que acabo de leer.

Bueno, sí: lo primero es que dejé Orlando de lado para intentarlo con esta obra dramática de Federico García Lorca, a ver si así avanzaba algo. Ahora he retomado el libro de Virginia Woolf y por fin le he pillado el truco a su forma de narración. Pero no me iré por las ramas con Orlando, que he empezado esta entrada para comentar brevemente El Público.

Una cosa está clara: la homosexualidad está presente en estado latente en todo momento, de forma metafórica, simbólica o algo más explícita. Pero está siempre ahí y es una de las principales preocupaciones de Lorca, llegando a equiparar su revelación al público como la revelación de un "teatro real" (o "el teatro debajo de la arena"). Se alude constantemente a la idea de la máscara, de lo falso, y se relaciona asimismo con un "falso teatro" que a su vez sirve para simbolizar el miedo a mostrar la verdadera naturaleza de una persona, en este caso de un homosexual.

Mostrar personajes tan conocidos como Julieta, hacer referencias al Jesucristo crucificado, simbolizar el falo con los bastones de los caballos... Todo contribuye a mandar este mensaje de revelación del verdadero teatro al público, y sin embargo sigue siendo un mensaje que se me escapa. ¿Morir de verdad en el teatro real? ¿Será una metáfora de cómo sufre un artista para que su obra triunfe entre el público, y de ahí el título?

Lo que tengo claro es que he pillado la mayoría de ideas pero el surrealismo nunca es fácil de explicar, ya que se siente emocionalme más que reflexionar racionalmente sobre el mismo. Además tenemos delante una obra dramática concebida para ser representada en un teatro, por lo que la intencionalidad principal del autor se ve coartada al simplemente leer las líneas sin verlas representadas físicamente. 

En suma: me ha interesado El Público, pero creo que ha sido inapropiado leerla en lugar de presenciarla en un teatro. Tengo claro que en este segundo caso mis impresiones hubiesen sido mucho más positivas. Acabada esta breve reflexión, retomo Orlando. Estoy pensando leer La Peste de Camus al mismo tiempo.

Ya veré.

El oportunismo no es vanguardista

Esta semana hemos empezado a dar las vanguardias, concretamente el futurismo y el expresionismo. ¿Cómo resumir cada una sin liarse uno la cabeza? Voy a intentarlo:
  • El futurismo toma este nombre debido al rechazo tajante a la melancolía y el pasado, que se destruyen de forma initerrumpida dand paso siempre al presente (el futuro cobra un papel esencial). Hay dos manifiestos futuristas, uno de 1909 (más ideológico) y otro de 1912 (que trata cuestiones más técnicas). El centro de los futuristas reside en la utopía del desorden y la entropía por medio del arte violento, el patriotismo, el militarismo y hasta la misoginia. La destrucción de la solidez por medio de un manifiesto sólido, que plantea por sí mismo una contradicción en principio, tiene sentido en el contexto de la realidad artística (una realidad en constante cambio). Se aboga por un arte relacional, que enlace dos conceptos, objetos o sujetos artísticos de una forma instintiva y no necesariamente lógica (como con las películas de Eisenstein). Esta vanguardia crecerá en Italia y se acabará relacionando con el fascismo de Mussolini.
  • El expresionismo es conocido especialmente por haber tenido un gran calado en Alemania. Del arte pictórico se extrapolarán características a otras corrientes artísticas (en el cine con El Gabinete del Doctor Caligari o con Nosferatu, por ejemplo). En la literatura se aboga por personajes reducidos a su función básica y esencial (como los personajes en las obras de Franz Kafka), representar algo normal como deforme y grotesco (física y/o emocionalmente), los espacios disueltos y sin mucha perspectiva y la saturación del colorido (en el caso literario, de las emociones transmitidas). ¿Por qué se llama expresionismo? Porque es un canto a la expresión, la forma o superficie como medio para sacar las emociones y los sentimientos a flote. A través de la superficialidad se pretende comprender el espíritu y la personalidad de los personajes que aparezcan en una novela o poema.
Por mi parte, creo que el término "vanguardia" así como sus consecuentes adjetivos (eso que conocemos como "vanguardista") han sido vilmente utilizados en algunos momentos históricos para justificar el oportunismo y llamar arte a algo dando por hecho que, si no se está al corriente de la vanguardia del momento, no podrá ser comprendido. Esto da pie (y lo he vivido a día de hoy) a la realización de obras artísticas que no merecen ser llamadas así: burdas, absurdas, mal realizadas y con fuertes pretensiones que se burlan de su público y toman por tontos a los lectores y/o espectadores.

A pesar de sus diferencias, todas las vanguardias pivotan en la dicotomía artística "nuevo/viejo", así como en su sentido lúdico, transdisciplinar y anticadémico. Partiendo de esto, ¿qué consideramos vanguardista? He llegado a creer fuertemente que las vanguardias mutan y se transforman, y hoy en día esto sucede a una tremenda velocidad. Por ello creo que el concepto de lo vanguardista debe traducirse en forma de obras artísticas que logren hacernos plantear el cambio de un modelo empleado hasta un momento, el cambio hacia otro nuevo y que ello debe realizarse a varios niveles artísticos (especialemente teniendo en cuenta que hoy en día han surgido artes revolucionarios como el del cómic, el videojuego y el arte gráfico) y con un sentido de experimento en sí mismo.

Lo que no debe hacerc una vanguardia es convertirse en una excusa para hacer las cosas como a uno le plazca y llamarlo "vanguardista" o "esperimental" esperando que así la gente asienta con la cabeza y acepte un producto que es, simple y llanamente, basura. Hasta lo experimental se rige por determinadas normas para que funcione, no debemos olvidarlo. Portazo al oportunismo, y alas a la novedad y lo transgresor. Así se honran las vanguardias.

lunes, 9 de febrero de 2015

Kafkiano

Recuerdo ver un capítulo de Breaking Bad titulado Kafkiano. No sé si era de la tercera o la cuarta temporada, pero sí que me acuerdo de su contenido. Los dos protagonistas entraban a discutir debido al reducido porcentaje de ingresos que recibían a cambio de la cocción de cristal de metanfetamina. Según Jesse, el más joven, era absurdo que su sueldo fuese tan bajo con un producto de tanta calidad vendiéndose a tan alto precio. En una conversación con sus amigos describió la situación como "kafkiana", a pesar de parecer que no tenía mucha idea de lo que significaba aquello. Por aquel entonces yo tampoco lo comprendía.

Hasta que leí La Metamorfosis, y luego Informe para una Academia y finalmente los dos textos que me han tocado para la semana: En la colonia penitenciaria y Un artista del trapecio. Kafka, Kafka, Kafka... Qué apellido tan sonoro, menudo sello tan natural que le pone a sus obras solamente con el mismo. He de decir que a pesar de disfrutar muchísimo con cada cosa suya que leo no haré el siguiente comentario de texto sobre este autor. Antes de seguir con los comentarios me gustaría recibir la nota por el que realicé de Un Caso Doloroso de James Joyce. Creo que me ayudará a ver los posibles fallos que pueda tener.

A lo que voy con Kafka: creo que por fin sé qué es eso que se denomina "kafkiano", pero no es algo fácil de concretar y precisar como si se tratase de un objeto o una característica narrativa clásica: es una sensación tan abstracta que precisa de ejemplos. Gregor Samsa amanece transformado en cucaracha y lo único que se le ocurre pensar es en todo menos en el hecho terrorífico de su metamorfosis. Un simio escribe con la sobriedad de un ser humano, admitiendo sus obvias características animales y siendo por ello hasta más civilizado que el propio hombre. Un oficial habla con un cariño antinatural sobre una máquina de tortura ante un preso que no tiene ni idea que va a ser ejecutado. Un artista del trapecio al que se le concede todo capricho se va a sí mismo casi al borde de la enajenación por no obtener un segundo trapecio.

Actuar racionalmente en una situación antinatural y fuera de lo común. Volver cotidiano lo surrealista a pesar de que la percepción de los lectores claramente nos transmite que algo va mal. Esa incomodidad con un hecho que sabemos perfectamente que no debería ser de una manera y, sin embargo, existe y se desarrolla como cualquier otra cosa cotidiana. Eso es ser "kafkiano", el emplear diversas historias y formas narrativas para transmitir esa sensación de incomodidad y sospecha, que al final acabe revelándonos un significado implícito que pretende sacudir la mente y despertarla para descubrir algo.

El siguiente es T.S. Eliot. Qué pena no poder hacer el comentario de Un Artista del Trapecio, pero prefiero prevenir y aumentar mis posibilidades de buena nota al final. 

El difícil equilibrio para el canon flexible

De la clase magistral de esta semana me quedo con la tensión entre los dos tipos de canon existentes en las artes, desde la literatura hasta el cine: un corpus permeable y abierto al cambio en su composición de obras y otro cerrado e inamovible en el que no se altera su contenido. ¿Qué ventajas e inconvenientes ofrece cada uno, en teoría? 

Según lo que dimos hoy, el canon abierto es más actualizable y se supedita al hecho de que los receptores de las obras artísticas cambian con el paso del tiempo. Esto, sin embargo, también implica una renovación constante, si bien no es necesario que esta se realice cada poco tiempo. Por lo tanto sería un canon muy volátil que no serviría de guía apropiada para una determinada colectividad.

El canon cerrado, por otra parte, es fijo. Inmóvil. Contiene una serie de obras listadas que no cambia a pesar de las novedades que saltan a la actualidad cada poco tiempo, y mantiene un status quo con obras dominantes en el punto de mira de la sociedad. Por una parte está la seguridad y estabilidad que se desprende de la misma concepción de este tipo de canon, pero por otra se hace imposible el hecho de renovarlo y valorar nuevas opciones dentro del panorama cultural que merezcan ser consideradas por su calidad.

Yo, por mi parte, apoyo definitivamente el modelo de canon abierto pero con ciertas restricciones tomadas del modelo de canon cerrado. Lo que defiendo es, en definitiva, un modelo de canon flexible, maleable pero más o menos fijo. Para ello sería cuestión de tomar un corpus de obras reconocidas e irlas actualizando cada período de tiempo (mensual, trimestral, semestral, anual y así progresivamente) para que tengan validez en el contexto del presente.

Los períodos de tiempo deberán ser lo suficientemente espaciados para no tener que ir ejecutando la tarea de valoración cada dos por tres, pero debe mantener una regularidad estable para que esta misma tarea sea algo consistente. De esta forma se pueden combinar ambos tipos de canon para una correcta guía de calidad a través de las obras, pero implica un trabajo equilibrado y a caballo entre el inmovilismo y la permeabilidad.

lunes, 2 de febrero de 2015

Segunda semana

Vale, buena manera de empezar: dándote cuenta que el comentario de texto de Un Caso Doloroso (James Joyce) debía hacerse para la próxima semana y no para esta. La razón, lógicamente, porque hoy vimos en profundidad las claves de la etapa del romanticismo en la que nació el autor, y que es parte de la escisión entre el arte subjetivo y el arte popular que aconteció a finales del siglo XIX. 

Me quedo con que, por lo menos, ahora llevo las prácticas avanzadas.

Las clases de hoy han sido exigentes a la hora de tomar apuntes (es lo que tiene escribir a mano). Una vez he comprendido el sentido de lo que estamos estudiando, he sabido disfrutarlo mucho más. Me ha gustado la forma en la que se trataban el simbolismo y el subjetivismo como una respuesta a un mundo inarbacable, en consonancia con la aparición de la fotografía. 

Creo que con un enfoque adecuado y tomando determinados conocimientos de estas clases, podré enriquecer mi criterio narrativo. En la práctica nos centramos más en Los Muertos que era el único texto que había que leerse para hoy. Me ha tocado la misma profesora del grupo reducido del año pasado, antes de irme por la enfermedad. Me alegro mucho, sus clases suelen ser muy divertidas. 

Como extensión de lo dado en la magistral, comentamos cómo las postrimerías del siglo XIX afectan a la obra de Joyce inundándola de referencias a la vida y la muerte. Comentamos las dos cosas que afectan a toda la literatura universal: el amor (Heros) y la muerte (Tánatos). Creo que ahora será cuando podré revisar y mejorar mi comentario de texto.

Creo que estoy empezando muy a tope el cuatrimestre. Quizá demasiado, hoy he cancelado una cita para el cine para poder abarcar lo que tenía planeado para la tarde. Creo que la cuestión será ir estrechando las cosas para hacer lo indispensable cada semana y tener siempre la seguridad de no llevar las prácticas al límite del tiempo. 

El siguiente es Kafka. Mañana leeré el texto para todo el curso.

domingo, 1 de febrero de 2015

El existencialismo de Joyce y el fatigoso comienzo de "Orlando"

Esta primera semana ha pasado muy lenta, he de admitirlo. El proceso de adaptación al curso tras tanto tiempo inactivo no ha sido fácil, pero estoy feliz de poder cumplir con las tareas diarias y las prácticas de la Universidad, y al mismo tiempo de tener tiempo para mí. Tengo tanto equilibrio mental y físico que hasta he podido disfrutar de las lecturas de esta semana: Los Muertos y Un Caso Doloroso.

Ambos relatos cortos pertenecen a una colección llamada Dublineses, y su autor James Joyce los firme con un particular sello casero e íntimo por el carácter personal que imprime a sus obras. Dublín, cuna de su nacimiento y ahora escenario para sus historias, adquiere vida propia con las historias del bueno de Gabriel y del rudo señor Duffy. Al principio me perdía con tanta pantomima de nombre (leyendo Los Muertos) pero luego supe apreciar lo que quería transmitirme Joyce desde sus textos.

Hacía mucho tiempo que no leía prosa. Llevaba tantos meses con películas, series, cómics y novelas gráficas que lo único que me permitía leer con más forma narrativa eran críticas y análisis al respecto de mis visionados y mis incursiones en los mundos de Marvel y DC. Pero con Joyce he reavivado una llama que creía apagada. He palpado la pasión y el dolor de sus protagonistas, me he trasladado a esa época donde el siglo XX era algo naciente, y el estertor del siglo XIX aún quedaba latente como las postrimerías de alguien fallecido.

En suma, que me ha gustado.

No me ha pasado lo mismo con Orlando, de Virginia Woolf. En mi opinión (y pidiendo perdón de antemano por el coloquialismo que emplearé), su comienzo es lisa y llanamente un petardo: lentísimo, elaborado excesivamente hasta la exasperación y cansino a más no poder. Espero pillarle el tranquillo a su narrativa y ventilarme este libro antes del final de la semana, de verdad. Hasta ahora solamente he podido con pocas páginas.

Le daré una oportunidad. Mañana comienza la segunda semana, y toca Kafka. Pinta bien, sinceramente. Seguiré actualizando este blog a base de referencias a lo que leo en cada momento.