sábado, 4 de abril de 2015

Generación perdida y Sylvia Plath

Describir a este grupo de autores del período posterior a la 1ª Guerra Mundial (la Gran Guerra por aquel entonces) como "generación perdida" me parece una desafortunada elección de palabras por la connotación actual que se le da al mismo término. Parecería que hablamos de un grupo de personas que acabó perdiendo el rumbo y acabó desechando su vida y su potencial si se desconoce el contexto histórico en el que vivieron.

Entre la poesía de T.S. Eliot y la de Sylvia Plath acontecieron numerosos avances para la literatura nortemericana, y no todos sucedieron desde suelo estadounidense. La visión periférica del mundo (dada por la estancia de muchos de los autores en París durante esta época) ofrecerá un retrato muy distinto de lugares como el Manhattan de los años 20, y además habrá un vínculo con la generación del 27 española (como cuando Federico García Lorca viaja a Nueva York).

La acción psicológica se desecha con una escasa intervención del narrador, en favor de la autonomía de la voz de los personajes para tratar temas como la migración en diversos sentidos: la migración del campo a la ciudad, la concentración de etnias en barrios y ghettos (la creación del Harlem, el blues...) y el carácter reivinidicativo dado a través de esta temática y sus formas. La novela conductista dará buena cuenta de ello.

Es interesante ver cómo esta misma época es tratada en un tema que emplea el análisis de las obras de Sylvia Plath, figura trágica y avatar de la mujer de la época de entreguerras (y de la segunda posguerra). Y es que esa figura de ama de casa y fémina inocentona y feliz parece caerse a pedazos con la desgarradora biografía de la autora, una que da un aire mítica a su figura. Lo más destacable de la misma es el concepto de "máscara", de identidad líquida y moldeable según los momentos de la vida de una persona sublimada en una mujer que podía pasar de ser una verdadera cazadora de amantes a un ser profundamente desdichado con un tremendo dolor arraigado en sus obsesiones amorosas.

Todo este quiebre es tratado de una forma más que convincente en su poema El Coloso, a pesar de que la traducción al español deje bastante que desear (fallos de traducción, por ejemplo). La recomposición tras un desgaste o una rotura, la presencia de la temporalidad que acaba destruyendo algo preciado... Y sin embargo, ese algo también es odiado. No es tarea sencilla conservar el sentido de un poema al traducirlo, pues hay juegos de palabras y emociones contenidas en el original solamente comprensibles en la lengua en que fue escrito.

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