Vale, parece que tampoco andaba muy perdido en mis cavilaciones sobre la obra de Federico García Lorca. Sin embargo, me sigue pareciendo difícil de leer al ser algo preparado para ser representado en un escenario teatral. En cuanto a Orlando...; ya le he pillado el tranquillo. Hoy en clase se ha incidido en las características más importantes esta última obra y de El Público de Lorca. Menos mal, la verdad, ahora estoy menos perdido que antes.
Orlando es un libro que no he terminado. Voy por la mitad y avanzo poco a poco (este tipo de libros me cuesta leerlos a un ritmo veloz y durante estas semanas tampoco he tenido mucho tiempo para centrarme en la lectura simbólica), y sin embargo empiezo a comprender muchos de los dilemas planteados por Virginia Woolf, su identificación autobiográfica con el personaje principal, la creación de un paisaje descriptivo mediante la saturación de elementos en la narración... Sí, definitivamente lo que han explicado hoy casa con lo que la obra ha dejado para mí en lo que llevo de libro.
En cuanto a El Público... Menudo cacao. Es carne de análisis sin duda alguna, pero por mi parte prefiero dejarme llevar por las sensaciones que trata de transmitirme Lorca, no por la imposible lógica de su dramaturgia en este caso. La sensación de engaño, de desgarro, de confusión y condena... Me quedo con todo eso. Me ha gustado que me revelasen el simbolismo del personaje del prestidigitador como baluarte del "teatro falso", el ilusionismo que nos convierte en conformistas.
A nosotros, el público. Vaya, vaya.
Sin duda, dos buenísimos ejemplos de vanguardia literaria. Será mejor que le dé prisa a la lectura de Orlando. Quiero leerme La Peste de Camus ya.
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