sábado, 4 de abril de 2015

Ocultar, desdoblar o eliminar el Yo

¿Pseudónimo, heterónimo o eliminación del yo? En anteriores clases habíamos conocido la crisis de los modelos racionalistas y la literatura naturalista a finales del siglo xix, dando lugar a otra clase de géneros y poco a poco dando paso a las vanguardias. El concepto del yo se ha visto afectado a lo largo del siglo XX por ello, dando lugar a tres procesos que me han parecido sumamente interesantes, y que me han traído a tres casos actuales en los que aparecen.

En primer lugar encontramos al pseudónimo como producto del enmascaramiento del verdadero yo. El quiebre de la uniformidad y objetividad de la percepción propia hace que el individuo sea incapaz de concebir una visión sobre sí mismo inteligible, lo que lleva al mismo al temor de mostrarse y a emplear en su lugar una falsa imagen manipulada. Este pseudónimo o máscara es maleable a lo que convenga según las apetencias del propio individuo. En la era digital presente podemos encontrar una tendencia al pseudónimo especialmente con el auge de las redes sociales: el poder de la red es el suficiente para vender al mundo un yo prefigurado, preparado y seleccionado con las características que a uno más le convenga.

A continuación aparece un desdoblamiento o fragmentación de la totalidad del yo en una multiplicidad de heterónimos. Esto surge al comprender la multiversidad del carácter humano, su personalidad poliédrica y los choques y roces de estos "yos" que son los que forman los conflictos internos que cimentan a la persona finalmente. En ciertas obras (Pessoa,  por ejemplo) no aparece ninguna pulsión superior, ninguna personalidad que domine sobre las otras de forma que no aparezca el caos entre las mismas. Un ejemplo actual (por la moda existente de sus adaptaciones al cine), es con los superhéroes de cómic y sus villanos. Tomemos a Batman (el cual refleja un aspecto crítico, justiciero y constantemente sospechoso del ser humano) y a Superman (que circula en un espectro emocional más luminoso, esperanzador e inspirador del bien) y podremos encontrar que conflictos que pueden aparecer en la vida del hombre de a pie aparecen sublimados en sorprendentes historias con estos héroes como protagonistas. Batman, Superman y otros héroes y personajes son una forma de representación polémica de una personalidad humana, y sus propios villanos suelen resultar asimismo deformaciones de su mismo carácter poliédrico (aquí hablaríamos de heterónimos oscuros dentro de la misma narración, y a nivel simbólico).

Por último, encontramos la erradicación del yo como resultado de una sensación de absoluto desconocimiento de uno mismo. Haya fragmentación caótica o no, el hecho de eliminar la conciencia de un yo implicaría que la búsqueda del mismo es realizada mediante formas artísticas como la literatura, abriendo así una indagación, un viaje hacia el interior (examen de conciencia). El yo se reconstruye a través de este viaje, y al contrario que en la espectacularización de la mascarada (dada por el ejemplo de las redes sociales visto previamente, por mencionar un caso) lo que se intenta es afianzarse al mundo de forma sólida y justa. Un ejemplo que me viene a la mente se encuentra en el cuarto capítulo de la novela gráfica Watchmen, en el que un ser prácticamente omnipotente y con visión simultánea de su pasado, presente y futuro reflexiona sobre su propia existencia en Marte. Esta persona, llamada Doctor Manhattan, contempla la sucesión constante de imágenes de su vida como humano desde una percepción casi divina. Lo que finalmente acaba planteándose es la relatividad del concepto de un yo prefigurado, y si la reconstrucción del mismo mediante la introspección es posible.

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