lunes, 20 de abril de 2015

La entropía de un lenguaje visual

No hay nada que funcione mejor para explicar un concepto que la ejemplificación gráfica. Hablar de modelos rizomáticos, por ejemplo: ni un origen ni un final detectables en una masificación de contenidos, en la que la concentración impide diferenciarlos o encontrar su núcleo. Esto, como parte de la escena postdramática, acaba conllevando a una "estética del caos", un arte entrópico en el que la atención se disgregue y se concentre en determinados puntos o "células de atención" en ciertos momentos y luego la misma atención pase a otro lugar en un momento u otro. El arte del caos que produce sentido, una característica que se ha extendido a la actualidad.

Me ha gustado la definición del modelo rizomático, explica así muchos filmes de suspense o thrillers de acción que se encuentran entre mis títulos favoritos a la hora de hablar de películas de gran calidad. No he podido evitar acordarme del arte cinematográfico al hacer mención a una hipertrofia visual a la cual se llega por saturación del tiro visual del arte contemporáneo. Desde el quiebre del positivismo y de la confianza logocéntrica, se ha desplazado con progresiva rapidez la importancia hacia lo visual, lo icónico, lo que los ojos pueden analizar y comprobar... Esto puede suponer una ventaja en muchos sentidos, pero también se transforma en algo peligroso cuando las mismas imágenes son alteradas o utilizadas de forma que se condicione la reacción o percepción de los espectadores. Algo que, desgraciadamente, se da muy a menudo como ejemplos de manipulación mediática.

Y es que los códigos visuales y los códigos fílmicos tienen su propia magia. ¿Quién no sigue imaginando las historias y los personajes de Canción de Hielo y Fuego de una forma diferente a como se han representado en la serie Juego de Tronos? Este último es un ejemplo ideal, ahora que la HBO ha decidido pasar de una adaptación directa a una libre interpretación de la historia de los libros, pues se pueden dar grandes ejemplos de narración cinematográfica mientras la trama de la saga de libros es desarrollada por otros derroteros. La magia de la literatura que nunca será capaz de captar el cine es la capacidad de evocar diferentes imágenes mentales para cada lector, una visión única para cada persona que abra un libro y se disponga a zambullirse en sus historias. 

Por otra parte, la capacidad narrativa del cine tiene la capacidad de generar reacciones y sentimientos con sus propias herramientas. En el cine también existen modelos rizomáticos para generar suspense. Un ejemplo claro es Prisioneros, película del 2013 trágicamente olvidada con una trama central que pivota del drama familiar al thriller de suspense con toques de acción y cine negro. El entramado del guión se compone de tal forma que, efectivamente, la atención del espectador se dispersa para centrarse en varios factores al mismo tiempo y se distrae del foco central, el origen que pone en marcha el motor de la acción. Como estrategia de ocultación y de generación de tensión, funciona magníficamente.

En una etapa en la que el lenguaje audiovisual está más explotado que nunca, le llega el turno de nuevo a la literatura de recuperar y afianzar una magia que, por cuestiones de forma y de capacidad, nunca podrá alcanzar el cine y la televisión. Puede que las artes contemporáneas (como el cómic y la novela gráfica y los videojuegos) también sean capaces de desatar el potencial del arte entrópico, o puede que este tipo de modelos rizomáticos lleguen a su momento de crisis de un momento a otro. El tiempo lo dirá.

sábado, 18 de abril de 2015

Dolor y muerte: de Rulfo a Iñárritu

Es demasiada casualidad que dos asignaturas distintas coincidan en dos obras que traten una temática similar, relacionadas a través del país que las vio nacer. Juan Rulfo y Alejandro G. Iñárritu, dos autores aejados en el tiempo pero que comparten patria: México. Y así me he visto escribiendo un comentario crítico de El Llano en Llamas de Rulfo para que una semana después le toque el turno a la ópera prima de Iñárritu, Amores Perros. Para esta película escribiré en breves una crítica destinada a la revista digital de mi residencia de estudiantes, pero el caso a tratar aquí es en la coincidencia de ambos en los círculos de dolor y muerte plasmados en sus creaciones.

Con El Llano en Llamas se asistía a un desolador espectáculo, un infierno desatado sobre la tierra de forma macabra según la batuta de un hombre con ínfulas de caudillo. Un padre simbólico que guía a hombres que funcionan como niños descarriados y sin objetivos. Se trataba con crudeza la intrascendencia de la muerte en la guerrilla, el ascenso de los tiranos sobre el vacío espiritual de sus súbditos y la prosa con la que se relataban los acontecimientos respiraba dolor y muerte por todas partes. Con Amores Perros se abren tres tramas diferentes que giran alrededor de un incidente en la que las vidas de sus protagonistas dará un giro que les cambiará la existencia por siempre.

El tratamiento de la película gira alrededor del contagio de la violencia y el dolor generado por las acciones de cada personaje, que se extrapolan al resto como si de una enfermedad se tratara. Con el plano final (un gran llano negro, como quemado, y vacío) parece que se está haciendo una referencia directa a Juan Rulfo y su "llano en llamas" ya quemado, desolado y lleno del recuerdo del dolor y de la muerte. Y es que la trama del filme se centra especialmente en la incidencia de ambas cosas en el ser humano.

Creo que haber escogido a Rulfo para hacer mi segundo comentario crítico ha sido todo un acierto. Espero que la crítica resultante de Amores Perros refleje estas impresiones de mejor forma que un comentario en el blog. En el futuro espero encontrar más obras con significado relacional, de forma que las pueda seguir disfrutando. Por ahora, me interesa seguir los pasos de Iñárritu y su trilogía del dolor y muerte. Las siguientes películas a ver: 21 Gramos y Babel.

sábado, 4 de abril de 2015

Ocultar, desdoblar o eliminar el Yo

¿Pseudónimo, heterónimo o eliminación del yo? En anteriores clases habíamos conocido la crisis de los modelos racionalistas y la literatura naturalista a finales del siglo xix, dando lugar a otra clase de géneros y poco a poco dando paso a las vanguardias. El concepto del yo se ha visto afectado a lo largo del siglo XX por ello, dando lugar a tres procesos que me han parecido sumamente interesantes, y que me han traído a tres casos actuales en los que aparecen.

En primer lugar encontramos al pseudónimo como producto del enmascaramiento del verdadero yo. El quiebre de la uniformidad y objetividad de la percepción propia hace que el individuo sea incapaz de concebir una visión sobre sí mismo inteligible, lo que lleva al mismo al temor de mostrarse y a emplear en su lugar una falsa imagen manipulada. Este pseudónimo o máscara es maleable a lo que convenga según las apetencias del propio individuo. En la era digital presente podemos encontrar una tendencia al pseudónimo especialmente con el auge de las redes sociales: el poder de la red es el suficiente para vender al mundo un yo prefigurado, preparado y seleccionado con las características que a uno más le convenga.

A continuación aparece un desdoblamiento o fragmentación de la totalidad del yo en una multiplicidad de heterónimos. Esto surge al comprender la multiversidad del carácter humano, su personalidad poliédrica y los choques y roces de estos "yos" que son los que forman los conflictos internos que cimentan a la persona finalmente. En ciertas obras (Pessoa,  por ejemplo) no aparece ninguna pulsión superior, ninguna personalidad que domine sobre las otras de forma que no aparezca el caos entre las mismas. Un ejemplo actual (por la moda existente de sus adaptaciones al cine), es con los superhéroes de cómic y sus villanos. Tomemos a Batman (el cual refleja un aspecto crítico, justiciero y constantemente sospechoso del ser humano) y a Superman (que circula en un espectro emocional más luminoso, esperanzador e inspirador del bien) y podremos encontrar que conflictos que pueden aparecer en la vida del hombre de a pie aparecen sublimados en sorprendentes historias con estos héroes como protagonistas. Batman, Superman y otros héroes y personajes son una forma de representación polémica de una personalidad humana, y sus propios villanos suelen resultar asimismo deformaciones de su mismo carácter poliédrico (aquí hablaríamos de heterónimos oscuros dentro de la misma narración, y a nivel simbólico).

Por último, encontramos la erradicación del yo como resultado de una sensación de absoluto desconocimiento de uno mismo. Haya fragmentación caótica o no, el hecho de eliminar la conciencia de un yo implicaría que la búsqueda del mismo es realizada mediante formas artísticas como la literatura, abriendo así una indagación, un viaje hacia el interior (examen de conciencia). El yo se reconstruye a través de este viaje, y al contrario que en la espectacularización de la mascarada (dada por el ejemplo de las redes sociales visto previamente, por mencionar un caso) lo que se intenta es afianzarse al mundo de forma sólida y justa. Un ejemplo que me viene a la mente se encuentra en el cuarto capítulo de la novela gráfica Watchmen, en el que un ser prácticamente omnipotente y con visión simultánea de su pasado, presente y futuro reflexiona sobre su propia existencia en Marte. Esta persona, llamada Doctor Manhattan, contempla la sucesión constante de imágenes de su vida como humano desde una percepción casi divina. Lo que finalmente acaba planteándose es la relatividad del concepto de un yo prefigurado, y si la reconstrucción del mismo mediante la introspección es posible.

Generación perdida y Sylvia Plath

Describir a este grupo de autores del período posterior a la 1ª Guerra Mundial (la Gran Guerra por aquel entonces) como "generación perdida" me parece una desafortunada elección de palabras por la connotación actual que se le da al mismo término. Parecería que hablamos de un grupo de personas que acabó perdiendo el rumbo y acabó desechando su vida y su potencial si se desconoce el contexto histórico en el que vivieron.

Entre la poesía de T.S. Eliot y la de Sylvia Plath acontecieron numerosos avances para la literatura nortemericana, y no todos sucedieron desde suelo estadounidense. La visión periférica del mundo (dada por la estancia de muchos de los autores en París durante esta época) ofrecerá un retrato muy distinto de lugares como el Manhattan de los años 20, y además habrá un vínculo con la generación del 27 española (como cuando Federico García Lorca viaja a Nueva York).

La acción psicológica se desecha con una escasa intervención del narrador, en favor de la autonomía de la voz de los personajes para tratar temas como la migración en diversos sentidos: la migración del campo a la ciudad, la concentración de etnias en barrios y ghettos (la creación del Harlem, el blues...) y el carácter reivinidicativo dado a través de esta temática y sus formas. La novela conductista dará buena cuenta de ello.

Es interesante ver cómo esta misma época es tratada en un tema que emplea el análisis de las obras de Sylvia Plath, figura trágica y avatar de la mujer de la época de entreguerras (y de la segunda posguerra). Y es que esa figura de ama de casa y fémina inocentona y feliz parece caerse a pedazos con la desgarradora biografía de la autora, una que da un aire mítica a su figura. Lo más destacable de la misma es el concepto de "máscara", de identidad líquida y moldeable según los momentos de la vida de una persona sublimada en una mujer que podía pasar de ser una verdadera cazadora de amantes a un ser profundamente desdichado con un tremendo dolor arraigado en sus obsesiones amorosas.

Todo este quiebre es tratado de una forma más que convincente en su poema El Coloso, a pesar de que la traducción al español deje bastante que desear (fallos de traducción, por ejemplo). La recomposición tras un desgaste o una rotura, la presencia de la temporalidad que acaba destruyendo algo preciado... Y sin embargo, ese algo también es odiado. No es tarea sencilla conservar el sentido de un poema al traducirlo, pues hay juegos de palabras y emociones contenidas en el original solamente comprensibles en la lengua en que fue escrito.