lunes, 2 de marzo de 2015

Orlando y El Público más a fondo

Vale, parece que tampoco andaba muy perdido en mis cavilaciones sobre la obra de Federico García Lorca. Sin embargo, me sigue pareciendo difícil de leer al ser algo preparado para ser representado en un escenario teatral. En cuanto a Orlando...; ya le he pillado el tranquillo. Hoy en clase se ha incidido en las características más importantes esta última obra y de El Público de Lorca. Menos mal, la verdad, ahora estoy menos perdido que antes.

Orlando es un libro que no he terminado. Voy por la mitad y avanzo poco a poco (este tipo de libros me cuesta leerlos a un ritmo veloz y durante estas semanas tampoco he tenido mucho tiempo para centrarme en la lectura simbólica), y sin embargo empiezo a comprender muchos de los dilemas planteados por Virginia Woolf, su identificación autobiográfica con el personaje principal, la creación de un paisaje descriptivo mediante la saturación de elementos en la narración... Sí, definitivamente lo que han explicado hoy casa con lo que la obra ha dejado para mí en lo que llevo de libro.

En cuanto a El Público... Menudo cacao. Es carne de análisis sin duda alguna, pero por mi parte prefiero dejarme llevar por las sensaciones que trata de transmitirme Lorca, no por la imposible lógica de su dramaturgia en este caso. La sensación de engaño, de desgarro, de confusión y condena... Me quedo con todo eso. Me ha gustado que me revelasen el simbolismo del personaje del prestidigitador como baluarte del "teatro falso", el ilusionismo que nos convierte en conformistas.

A nosotros, el público. Vaya, vaya.

Sin duda, dos buenísimos ejemplos de vanguardia literaria. Será mejor que le dé prisa a la lectura de Orlando. Quiero leerme La Peste de Camus ya.

domingo, 1 de marzo de 2015

El peligro del Dadaísmo y las claves del Surrealismo

Empezando a estudiar sobre el manifiesto Dada y sus seguidores uno piensa inicialmente que lo único que han logrado que sea realmente importante es levantar toda una corriente ética y estética contra lo convencional y lo "normal" dentro de los parámateros sociales de las dos primeras décadas del siglo XX. Si he de ser sincero, cuando reflexioné sobre el dadaísmo pensé que era una broma pesada: gente que va en contra de todo por el simple hecho de hacerlo, adoración de la anarquía no por sus ideales sino por su potencial entropía, por su posible caos. El culto a la destrucción por un regusto morboso.

Entonces llega el momento en el que aprendo que un punto clave del dadaísmo es el reposicionamiento del infantilismo como una de sus claves y lo comprendo todo de golpe. O eso creo.

Según conozco esto, regreso a esos momentos en los que era un crío y tenía bastantes juguetes. Sí, juguetes de goma y plástico, con forma definida, tangibles y materiales y no encerrados detrás de una pantalla: un dinosaurio amenazador, un Spiderman articulable, un monstruo con una bola de pinchos y aspecto aborigen, un Action Man, una bestia prehistórica... Me sentaba y creaba historias sin ningún sentido en el que los muñecos colaboraban, batallaban, vencían o perdían pero la cuestión era que no me importaba el orden, ni la cohesión ni el sentido de lo que estaba haciendo.

Simplemente jugaba.

De ahí mis dudas. ¿Será el dadaísmo una especie de reivindicación de esa pureza creativa en el estado de la niñez? Quiero pensar que sí, que los dadaístas defienden un arte psicológicamente temprano al que incorporan elementos de la madurez como el interés sexual o la burla a la autoridad. Si fuese algo remotamente cercano a esto, sin duda tendría al dadaísmo como una corriente artística a considerar. El arte como juego. Sería sublime, ¿verdad?

En cuanto al surrealismo... ¿Quién no ha empleado el término "surrealista alguna vez? ¿Realmente sabemos lo que significa? El funcionamiento del inconsciente humano, los mecanismos de la psique humana en un estado de reposo o inactividad, los espacios oníricos, las pulsiones freudianas del amor y la muerte (Eros y Tánatos)... El surrealismo supuestamente versará sobre todo esto, y sin embargo las personas que no sepan de estas características definitorias seguirán empleando la palabra "surrealista" para describir ciertas obras o piezas que perciban como extrañas a lo que se acostumbran a ver.

A mi modo de verlo, el surrealismo no es un tipo de estética racional en la que se pueda analizar el efecto que tiene un elemento sobre otro como si de la narrativa clásica se tratase. No se trata de un arte creado y enfocado a ser percibido con racionalidad, sino una corriente enfocada a remover las entrañas de nuestra mente, a despertar lo que solamente somos capaces de ver en sueños y que posteriormente olvidamos al poner los pies en la tierra de nuevo.

De ahí la genialidad del surrealismo: abre la puerta a otro tipo de interpretación en la que la lógica poco puede hacer. Dalí contaba en su autobiografía Diario de un Genio que pretendía ser el surrealista entre los surrealistas, reforzar el concepto del surrealismo dentro del mismo. ¿Acaso podemos explicar por qué nos enamoramos de una persona de la que no deberíamos? El arte racional ejercita nuestra mente consciente y nuestro yo reflexivo, pero el arte dadaísta y el surrealista despiertan nuestra intuición y la ponena funcionar para abrirnos la puerta a dimensiones que solo creíamos posibles en sueños. Espacios oníricos en los que todo es posible.